¿Por qué “Platero”?

Debo mi nombre a mi abuela y a mi padrino. Pero las circunstancias cronológicas hicieron que mi nacimiento ocurriera algunos años después de que le concedieran el Nobel a Juan Ramón Jiménez. Y durante mi infancia, al empezar el curso, cuando un nuevo profesor se aprendía mi nombre, tenía que oír siempre el mismo tipo de comentarios: “Como el poeta, ¿no?” o “¿Habrás leido a Platero?”.

Una de las lecturas en los primeros años era algún fragmento de “Platero y yo”; varias veces me tocó recitar aquello de “Platero es un burrito…”. Pero del poeta no supe mucho hasta la adolescencia, y de lo que me enteré fue de su faceta más extravagante y también machista.

Pero no leí el libro de Platero hasta casi la treintena. Quizás fue el momento más adecuado para hacerlo. Me reconcilié con un autor y sobre todo con un libro al que durante muchos años consideré, injustamente porque no había leído más que un fragmento, como un libro infantil. En recuerdo a ese animal, que representa mucho más que un burrito, es por lo que he titulado así este blog.

Pero no soy un poeta. No he tenido inclinaciones a componer versos, ni tampoco he desarrollado esa faceta. Cuando tenía que estudiar la métrica en Literatura, aquello me parecía una especie de álgebra literaria, con los “abba”, los “aba”, etc. Para que nadie se llame a engaño he subtitulado así a este blog.

Anuncios

¿Quién soy y qué hago aquí?

Rellenar dos hojas del cuaderno con el tema de la redacción de la semana. Ese ritual que teníamos que cumplir todas las semanas se convertía en mi caso, y creo que para el resto de mis compañeros, en una tortura al obligarnos a comentar asuntos tan cercanos como “la aventura más divertida de mis vacaciones”, “describe a los miembros de tu familia”, o “relata el último viaje que hayas hecho”.
No creo que con esas prácticas, nuestros profesores nos convirtieran en escritores vocacionales. Supongo que, como en todo arte, escribir necesita de un esfuerzo que ninguno de nosotros estábamos dispuestos a sufrir.
Y entonces. ¿qué hago yo aquí, escribiendo? Me formé como médico, y aunque no ejerzo, tampoco recibí muchos estímulos en la Facultad para seguir los pasos de algunos médicos humanistas, como Gregorio Marañón o Luis Martín Santos.
No me considero escritor, pero con los años he ido descubriendo que escribir es la mejor forma para aclarar mis ideas, de pulirlas, de transformarlas para obtener una expresión más clara de lo que quiero decir, La comunicación de las ideas, cuando se trata de convencer a otros, me ha obligado a pensar cómo decir lo que quiero realmente. No tengo agilidad mental en las discusiones verbales, no reacciono con el gracejo, ni con el ingenio que por ejemplo se le atribuye a Oscar Wilde, o a Quevedo. A mi solamente me cabe el trabajo de escribir, leer, corregir, volver a leer, y así hasta dar con las palabras, las expresiones, con las que me siento que he conseguido decir lo que quiero.
Los blogs, esas herramientas digitales, que sustituyen a mi añejo cuaderno de redacciones, me permiten escribir para mí pero también para otros. Por ese motivo, y sobre todo porque puedo escribir de lo que quiera, es por lo que me he apuntado a este curso “Blogging 101!.
Me interesan muchos temas; muchos de carácter profesional, aunque tampoco dejo de abordar otros problemas. Reconozco que hay algunos que ocupan la mente de mis compatriotas, y que a mí me dejan bastante indiferentes, como el fútbol. Pero lo que quiero es lograr que las personas que lean mis comentarios, se entretengan. No, no he nacido para iluminador de mentes, ni tampoco para líder de masas. Pero espero que los pocos minutos que al lector le lleva leer alguno de mis comentarios, al menos le sirvan para dejar vagar su mente sobre otros asuntos. Ese es mi deseo.
¿A quién me dirijo? No lo sé, aunque me gustaría que al menos me leyesen las personas que me conocen, con las que trabajo porque es posible que ellos y ellas reconozcan mejor lo que mueve a la mayoría de mis comentarios.